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Y… así, sin más, después de tanto tiempo soñándolo, llegó el esperado 25 de junio. Yo, que soy de lágrima fácil, sabía que, para mí, iba a ser un día muy intenso. Y no me equivocaba. Desde primera hora de la mañana se sucedieron los ramos de flores (qué bien me conocen): de mi futuro marido, de mis padres, de mis amigos y, para culminar, un desayuno patrocinado por mis amigas. Y, llegados a este punto, ya no se podían enumerar las veces que había sonreído y llorado de tanta felicidad.

En Bigudíes, entre la emoción de un nuevo ramo de flores a domicilio, Sandra y sus manos hicieron maravillas en mi pelo, que iba adornado con un precioso tocado de Tolula Handmade, otra de las profesionales que estos bonitos meses han dejado en mi camino para siempre. Cuando regresé a casa, estaba esperándome Amanda Asensi y, al poco rato, llegaron Antonio Sanz Fotografía y el cámara Alessandro. Mientras Amanda me daba los últimos retoques de un maquillaje perfecto, interrumpido por mis lágrimas de emoción que yo ya no podía controlar, allí estuvieron ellos captando cada detalle, haciéndome reír una y otra vez, gastándome bromas y esquivando mis preguntas cuando les interrogaba sobre cómo estaba mi futuro marido y cómo había ido por su casa. Sin duda, me encontraba tranquila, feliz y cómoda tan bien rodeada. No podía pedir nada más.

Mi vestido de Pronovias, mis pendientes, regalo especial de mis padres, mis zapatos y un sinfín de complementos con los que iba vistiéndome me hacían sentir más y más feliz y cada uno de los gestos de emoción al ponérmelos fue perfectamente captado por el objetivo de Antonio.

Cuando llegamos a la Iglesia Castrense de Santo Domingo, en un Rolls Royce color blanco que con tanta ilusión habíamos escogido meses atrás, entré del brazo de mi padre hasta el lugar donde me esperaba él, la persona que había soñado toda mi vida en conocer y que finalmente encontré, quien dio la vuelta a mi mundo y con quien me iba a casar en un día tan precioso como aquél, Guillermo.

Después de la ceremonia, Antonio Sanz Fotografía y Alessandro tuvieron toda la paciencia del mundo mientras nosotros cumplíamos nuestra ilusión de hacernos fotos junto a nuestra familia en el precioso claustro de Capitanía. Se sucedieron una vez más las sonrisas, gestos y caricias espontáneas de las que fueron fieles testigos.

Posteriormente, en la Cartuja de Ara Christi, no pudimos ser más felices. Encabezados por el gran profesional de Japhet, no faltó ni un detalle que nos impidiera tener la boda de nuestros sueños, pendientes de todo, se preocuparon hasta de lo más mínimo mientras nosotros seguíamos en nuestra nube de felicidad, sin duda alguna, no podemos estarles más agradecidos. Gracias también a Jamones Gargallo, porque volvería a confiarles cualquier evento con los ojos cerrados después del despliegue de calidad y profesionalidad del que hicieron gala, gracias a Audioprobe por amenizar una velada inolvidable con la música idónea y gracias también a Atelier de la Flor por adornar el mágico claustro y su entorno. Gracias por último a nuestra familia, en especial a aquellos que hasta el último día estuvieron aportando ideas y que tanto tiempo dedicaron a que el 25 de junio de 2016 fuera el día mágico que tantas veces habíamos imaginado y gracias a todos los amigos y familiares que estuvieron allí, arropándonos, abrazándonos y haciéndonos sentir las personas más queridas del mundo porque, sin duda, es un sentimiento que nunca olvidaremos.

Definitivamente, grandes profesionales y grandes personas a nuestro alrededor que hicieron del día más especial de nuestra vida el camino más fácil y a la vez más perfecto del mundo. GRACIAS.

 

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